La crisis económica golpea a las jugueterías: más de 300 cerraron o se volcaron a la venta online

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La crisis económica y el cambio en los hábitos de consumo han tenido un fuerte impacto en el sector juguetero argentino. Más de 300 jugueterías cerraron sus puertas o abandonaron la atención presencial para trasladar sus operaciones al comercio electrónico, según explicó el titular de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete.

El retroceso de las ventas se combinó con el aumento de la competencia de productos importados y la expansión de plataformas internacionales. En ese contexto, muchos comercios tradicionales comenzaron a reducir sus estructuras y a concentrarse en la comercialización online como una alternativa para continuar activos en el mercado.

Desde el sector también señalaron el crecimiento de las compras realizadas a través de sitios como Temu y Amazon. Estas plataformas permiten a los consumidores adquirir juguetes directamente desde el exterior, por fuera del circuito comercial tradicional y, en algunos casos, con precios más bajos que los ofrecidos por los negocios locales.

La Cámara advirtió además sobre el ingreso de mercadería sin controles suficientes y el impacto del contrabando en la actividad. Según su titular, una parte de los productos se comercializa sin el cumplimiento de las obligaciones impositivas, lo que genera una desventaja para los comerciantes y fabricantes que operan formalmente.

El dirigente sostuvo que la problemática no se limita a la industria del juguete y que también afecta a otros sectores de la economía. En ese sentido, mencionó la existencia de una mesa de trabajo integrada por representantes de la Unión Industrial Argentina, el Ministerio de Seguridad y otros organismos, con el objetivo de analizar el avance del contrabando y la subfacturación.

La transformación del consumo obligó a las jugueterías que permanecen abiertas a revisar sus estrategias comerciales. La venta por internet se convirtió en una herramienta cada vez más importante para ampliar el alcance de los negocios, reducir costos y sostener las operaciones ante la caída del movimiento en los locales físicos.

El escenario también representa un desafío para los fabricantes y distribuidores nacionales. La combinación de menor demanda, importaciones, compras directas al exterior y nuevas modalidades de comercialización profundizan la presión sobre una actividad que enfrenta dificultades para competir en precios y mantener su red tradicional de comercios.

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