Alerta por una nueva estafa en casas: usan el GPS de un celular como excusa para entrar
Una nueva modalidad de estafa encendió las alarmas entre vecinos de distintos barrios, ante el temor de que una supuesta búsqueda de un teléfono celular extraviado o robado termine en una violenta entradera. Según los testimonios, los delincuentes se presentan en la puerta de una casa alegando que están rastreando un aparato mediante GPS y que el sistema marca ese domicilio como el lugar donde estaría el dispositivo. Con ese argumento, intentan generar una situación de urgencia y confusión que lleve a los dueños a abrir la puerta y permitir el ingreso de desconocidos.
De acuerdo con las denuncias, la maniobra comienza siempre con una historia aparentemente verosímil: los estafadores dicen que el celular fue robado o se perdió en la zona y que, gracias a una aplicación de geolocalización, el punto de ubicación coincide exactamente con la vivienda que señalan. En algunos casos, incluso muestran la pantalla del teléfono con un mapa o una imagen para reforzar la idea de que el GPS indica esa dirección en particular. El objetivo es que la persona que está adentro se sienta interpelada, crea que puede estar ayudando a resolver un delito y se disponga a colaborar sin sospechar que está frente a una puesta en escena.
El mecanismo delictivo se apoya en la confianza que muchas personas depositan en la tecnología y en el desconocimiento sobre el funcionamiento real de los sistemas de rastreo. Los especialistas advierten que la localización de un celular mediante GPS no es exacta al punto de identificar de forma infalible una vivienda específica, y que la señal puede abarcar un radio de varias decenas de metros o más, según las condiciones técnicas y ambientales. Los delincuentes se aprovechan de esa zona gris de información: convierten una supuesta coincidencia en una acusación implícita y presionan para establecer un vínculo directo entre la casa y el aparato supuestamente robado.
El momento más delicado se produce cuando los desconocidos intentan pasar del simple relato al ingreso físico al domicilio. Luego de plantear la historia del teléfono y de asegurar que “el GPS marca acá”, los estafadores piden revisar el interior de la vivienda, entrar al patio o, al menos, asomarse para “confirmar” que el dispositivo no está allí. La excusa puede variar —desde ofrecerse a llamar a la Policía hasta pedir que el vecino les permita hacer una búsqueda rápida—, pero el objetivo es siempre el mismo: conseguir que se destrabe la puerta y generar una situación de vulnerabilidad. Una vez adentro, las víctimas quedan en clara desventaja frente a posibles robos, amenazas o agresiones.
Ante esta modalidad, la principal recomendación de los organismos de seguridad y de los propios vecinos es tajante: no abrir la puerta a desconocidos bajo ningún pretexto. En caso de que alguien se presente con el argumento de un celular rastreado por GPS, se sugiere mantener la calma, conservar la puerta cerrada y evitar cualquier tipo de confrontación directa. Si las personas insisten, elevan el tono, se vuelven agresivas o intentan forzar el acceso, se debe llamar de inmediato a la Policía y relatar la situación con el mayor nivel de detalle posible. La advertencia apunta, sobre todo, a no dejarse llevar por la urgencia ni por la aparente precisión del relato: detrás de esa historia, advierten, puede esconderse una maniobra diseñada para convertir la búsqueda de un teléfono en la puerta de entrada a un robo dentro de la casa.
