La deuda de los hogares al límite: casi 6 millones ya están en mora
En medio de la recesión y la caída del poder adquisitivo, la deuda de los hogares argentinos llegó a un límite crítico: casi 21 millones de personas tienen algún tipo de obligación con bancos y billeteras virtuales, y casi 6 millones ya se encuentran en situación de mora, es decir, con atrasos significativos en el pago de sus compromisos. El dato surge de los registros de la Central de Deudores del Banco Central y de informes privados que siguen la evolución del endeudamiento familiar, y muestra que el crédito, que hasta hace poco funcionaba como un colchón para sostener el consumo, hoy se transformó en una trampa para una parte creciente de la población. El fenómeno atraviesa a todos los segmentos de ingreso y evidencia que el ajuste no solo se ve en la caída del consumo, sino también en la imposibilidad concreta de pagar las deudas ya contraídas.
La alarma no se explica solo por la cantidad de personas endeudadas, sino por el nivel de irregularidad que exhiben las cuentas de las familias. Dentro del sistema bancario tradicional, la mora de los préstamos a hogares ronda el 12,8%, una tasa que ya es elevada para estándares históricos. Pero el cuadro se agrava si se mira el universo de los proveedores no financieros de crédito –principalmente billeteras virtuales, fintech y cadenas comerciales–, donde la irregularidad trepa a más del 30%. Ese salto refleja el desplazamiento de millones de consumidores hacia canales de financiamiento más caros y menos regulados, que fueron ganando terreno en los últimos años frente al crédito bancario formal. Las billeteras digitales y las tiendas de electrodomésticos se convirtieron en la puerta de acceso al consumo básico, pero también en el espacio donde se concentra hoy la mayor morosidad.
Los especialistas advierten que, en este contexto, el endeudamiento dejó de ser un mecanismo transitorio para “llegar a fin de mes” y empezó a mostrar su límite estructural. En los últimos dos años, la proporción de personas con deudas en mora prácticamente se duplicó y el número de argentinos con al menos una obligación impaga se disparó hasta rozar los 6 millones. No se trata solo de atrasos circunstanciales: una parte significativa de esas deudas ya es considerada de difícil o nula recuperación, lo que implica que muchas familias se encuentran atrapadas en un esquema donde ni siquiera la refinanciación ofrece una salida clara. La mediana de deuda morosa se calcula en torno a los cientos de miles de pesos por persona, un monto imposible de afrontar para quienes vieron erosionados sus ingresos por la inflación y la pérdida de empleo.
El mapa del endeudamiento familiar muestra además que la crisis no es solo cuantitativa, sino cualitativa. Más del 90% de los hogares registra algún tipo de deuda y crece de manera sostenida la proporción de familias con tres o más obligaciones simultáneas, ya sea con bancos, tarjetas de crédito, billeteras digitales, casas comerciales o prestamistas informales. En pocos años, el porcentaje de hogares con múltiples deudas se duplicó, lo que refleja una estrategia de supervivencia basada en encadenar financiamientos para cubrir gastos corrientes como alimentos, servicios y alquiler. Ese patrón de “bola de nieve” aumenta el riesgo de mora generalizada: cuando falla uno de los eslabones, se rompe la cadena completa y la familia queda expuesta a embargos, cortes de servicios y pérdida de acceso al crédito.
El impacto social y político de este escenario todavía está en desarrollo. El Gobierno, que describe el fenómeno como un “problema entre privados”, se enfrenta a una presión creciente por parte de organizaciones de deudores y sectores de la oposición, que impulsan proyectos para aliviar la carga de quienes no pueden pagar. Mientras tanto, bancos, fintech y comercios ajustan sus estrategias: endurecen las condiciones de otorgamiento, venden carteras incobrables y refuerzan los mecanismos de cobranza. En el centro de todo, casi 6 millones de argentinos conviven con la etiqueta de morosos y con la “pistola en la cabeza” que significa elegir, cada mes, entre comer, pagar la luz o cumplir con una cuota que ya se volvió, para muchos, impagable.
